Mordiéndome con los Números
Dentro de un mundo plagado de números para facilitarnos la vida, a veces me pregunto por qué hacemos con ellos justamente lo contrario.
Para entrar en la complejidad de los números ciertamente abría que entrar en la historia que no los trajeron, nada los explicaría mejor. Pero hoy día, seres con mucho mas conocimiento en una infinidad de materias, me parece irracional arrastrar algunas de las irracionalidades que nos ha legado la historia.
¿De qué hablo exactamente? Para empezar quiero tomar de ejemplo una pregunta que me hago frecuentemente en el trabajo. ¿Por qué las órdenes de mercancía se hacen en docenas y no en decenas? A ser sincero, no he buscado aun la respuesta a esta interrogante, pero la intriga en momentos me palpita por alguna esquina.
Quizás este mundo no posea un número más mítico que este. Doce meses, doce apósteles, doce signos del zodiaco, doce tribus de Israel, doce estaciones de la vida según el budismo, el humano tiene doce nervios craneales, doce costillas, usamos relojes con doce horas (a pesar de que el día contiene veinticuatro), y por ahí.
¿Por qué? Por qué sigue teniendo doce pulgadas un pies, y no diez. Es como si alguien hubiera estado contando, y repentinamente se aburrió en el número doce y decidió empezar una nueva unidad. Luego en esa próxima unidad se cansó en el numero tres, y decidió comenzar una próxima. Como es razonable arrastrar la irracionalidad de medir distancias sostenidas por lo que fue el pies de un emperador. “The Holy foot, no fucking shit.”
Para seguir demostrando mi problema con los números. Por qué en Puerto Rico (un territorio que al igual que el resto de la nación americana, trabaja a base del sistema de medidas inglés), tenemos en nuestras carreteras rótulos que indican las distancias en kilómetros. Pregúntele usted a un gran número de boricuas, distancias en kilómetros de un punto A a un punto B y sin duda alguna, no serán muchos los que les puedan dar una buena respuesta. Quizás la médula del asunto sería preguntarse, ¿están los rótulos hechos para el residente o para el que nos visita? De la respuesta favorecer esta última opción, debo reconocer que tenemos un sistema bien &^%(-e’- #!$@ porque se encargaron de ponernos los límites de velocidad en millas. Esos, esos sí son para nosotros y que no quepa ninguna duda.
Sigamos, ¿Por qué celebramos año nuevo? Durante la celebración del año nuevo se supone festejemos haber completado un ciclo a través de nuestra estrella más cercana. Pero, para celebrar la culminación de un ciclo y empezar el conteo del próximo, debemos preguntarnos, cuando comenzó ese primer ciclo. ¿Desde cuando? ¿Desde qué punto? Porque, por lo que tengo entendido, siempre hemos estado girando, ¿pero en que momento empezamos, o desde que evento empezamos a celebrar ese ciclo? De irnos a la racionalidad de “un año mas”, para todos ese año más se celebra el día de nuestro nacimiento, por ende un día distinto para todos. Entonces, ¿Qué verdaderamente celebramos durante la festividad del año nuevo? ¿Un número nuevo?
Las religiones tampoco ayudan en la noble causa de utilizar los números para facilitarnos la vida. No, por contrario te dicen que el número de la bestia es el 666, y un número prácticamente sagrado es el 7. ¿Que rayos se supone que signifique eso? La bestia tiene seiscientos sesenta y seis ¿que? ¿cuernos? ¿manos? ¿maneras de hacerte sufrir? ¿Significa una fecha? Evitémosno un dolor de cabeza, creo que es claro lo que no esta claro. Nos encanta complicarnos.
Debo admitir que desde mi escuela elemental he tenido problema con los números. Especialmente desde que aquella maestrita de matemáticas se atrevió a cambiarme las reglas del juego cuando ya había comenzado el partido. Sí, aún recuerdo cuando me introdujo los negativos. NE-GA-TI-VOS. Que diablos era eso.
Apenas empezaba a aceptar al cero como un número después de incontables refutaciones sobre la falta de valor de tal dígito, por ende, no dejándolo ostentar dicho título. Más aún, apenas empezaba a comprender que entre número y número habían más números. No, para hacerme la vida mas difícil, me tuvo que introducir los negativos, NE-GA-TI-VOS. Después de toda una vida (de seis o siete años) donde se me enseñó que los números comenzaban desde el uno hacia la derecha. Aun me siento engañado. Sea la madre de los números.
En fin, para no seguir dándole lata al asunto, ¿Por qué no empezamos a darle sentido a los números que fueron inventados justamente para darle sentido a todo aquello que fuera más de un, de un…. de un algo? ¿Por qué no aceptamos que el sistema métrico hace mas sentido que el que actualmente utilizamos? ¿Por qué nos da vergüenza después de adultos utilizar el mejor ábaco que la creación nos ha dado, nuestros dedos?
Sin tan solo todo lo relacionado a los números pudiera volver a mi primer grado, donde aprendía a contar con m&ms o skittles y luego me disfrutaba tales delicias. Si tan solo las cosas pudieran volver a aquel día antes de haber sido introducido a los NE-GA-TI-VOS. Quizás hoy día estaría contando mi fortuna en positivos y no en NE-GA-TI-VOS.
¡Sra., Usted fue una atrevida! ¡Devuélvame mis positivos y quédese usted con sus NE-GA-TI-VOS!
Publicado el enero 10, 2012 en Uncategorized y etiquetado en números. Guarda el enlace permanente. Dejar un comentario.
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