“El futuro está en manos de los niños” más que un cliché, se ha convertido en una frase que no ha sido cuidadosamente analizada. Se repite una y otra vez. La escuché cuando era niño, la escuché de adolescente y la sigo escuchando aún joven adulto.
Para ser sincero, no creo mucho en ella. Creo que la frase se ha convertido en una forma de esquivar y delegar en las próximas generaciones lo que la generación adulta actual pudiera estar haciendo y no ha hecho.
El futuro no está en los niños, el futuro y la esperanza del mañana está en lo que hagamos ahora en el presente. La frase repetidamente se convierte en la contradicción de “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.
A que me refiero, las oportunidades para cambiar el planeta están en nuestras manos. Somos nosotros la generación con capacidad para crear cambios en el presente los que podemos dar esperanza a nuevas generaciones. No podemos esperar que una nueva generación crezca con una visión de justicia social, de luchar por rescatar el ambiente, de paz, entre otras causas nobles, cuando nuestra generación no está dando el ejemplo. Como dijo una vez Albert Einstein “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”. Si queremos influir en nuestras próximas generaciones, empecemos por dar el ejemplo. Con qué cara le podemos pedir a la próxima generación lo que la nuestra (nosotros) no hemos podido dar.
Por ejemplo: si seguimos creando en el presente sociedades que se basan en el valor de lo material, donde el ir de compras es la principal actividad para combatir el aburrimiento y de hacer crecer la economía, para lo que aprobamos la creación de centros comerciales que ocupen cada espacio de terreno libre. ¿Cómo podemos esperar que los niños que estamos acostumbrando a este sistema, de repente crezcan y acaben con lo que ya crecieron y vieron como correcto? En ningún momento estuvo en manos de ellos, ESTUVO SIEMPRE EN LAS NUESTRAS. Lo que el humano construye en su presente suele dejar huellas que trasciende su generación. Por lo que debemos tomar conciencia y convertirnos en seres pro-activos AHORA. Hacer todo lo que podamos para mejorar y rehacer nuestra forma de ver las cosas, cuestión de que sea eso lo que aprendan nuestros niños y las futuras generaciones.
Podremos gastar miles y millones de dólares en crear miles de programas para enseñarles a nuestros niños como ser mejores personas, como cuidar el ambiente y como fomentar la paz, pero mientras lo hagamos de forma hipócrita y no seamos nosotros los adultos quienes empecemos a creer y practicar lo que le estamos enseñando, crecerán y se desenvolverán en la sociedad de acuerdo a la realidad que se les enseñó en sus hogares y en la calle.
Es triste, debido a la dejadez e inacción de la generación que estuvo antes de mi (y a muchas anteriores) hay cosas que parecieran nunca van a cambiar por mas esfuerzo que yo pueda ponerle. ¿Por qué?, porque ya se estableció una mentalidad que trascendió a mi generación. La esperanza de un cambio, no necesariamente estuvo en mi generación, sino en la de ellos mismos.
Por tanto concluyo: El futuro del mundo no está en las manos de nuestros niños, más bien, el futuro de nuestros niños está en las manos de las generaciones adultas del presente.






Diría que existen dos tipos de propaganda. La que te dice explícitamente un pensamiento para que el receptor lo absorba y lo haga suyo, mayormente encontrado en la publicidad. El otro tipo de propaganda es aquella que es encontrada mayormente en los noticieros. Es del tipo de propaganda que no te dice directamente como pensar, simplemente te pone los elementos necesarios para que tu como audiencia/receptor te sientas satisfecho de haber “razonado” al unir todos los elementos y haber llegado a una propia conclusión. Creo que este tipo de propaganda es la más maliciosa/dañina, porque sentimos que usamos el cerebro, que razonamos para llegar a una conclusión propia, una conclusión en la que nadie intervino. Cuando esto no refleja la realidad.
afuera a disfrutar un poco de eso que nunca antes en mi vida había podido disfrutar. Retome ese niño que sigue vivo por alguna esquinita escondida de nuestro ser.
El blanco, era la orden del día alrededor de Halifax. Caminando por la ciudad te encontrabas con casas blancas, con techos que suelen ser grises ahora vestidos de blanco, un cielo blanco, y todo el suelo de blanco. El blanco al que todos a mi alrededor han estado acostumbrados, pero que para mí era algo totalmente nuevo. La primera nevada para este jibarito de Ponce.


